NIÑOS Y ANTIBIÓTICOS. LA INTUICIÓN DE LOS HOMEÓPATAS

ANTIBIÓTICOS, NIÑOS, INMUNIDAD

La Organización Mundial de la Salud informó recientemente que hacia 2050 la resistencia de las bacterias y otros microorganismos patógenos a los antibióticos será el problema sanitario más importante a afrontar por los países. Se conoce la capacidad extraordinaria de estos gérmenes para adaptarse a situaciones adversas. En ese sentido la lucha es desigual ya que los humanos no disponemos de recursos biológicos comparables. Los aportes de la Farmacología en cuanto a nuevos antibióticos han sido limitados comparados con las nuevas moléculas en otras áreas como la quimioterapia del cáncer y los virus, psicofármacos y otros campos. Cuando no dispongamos de antibióticos eficaces en las infecciones graves estaremos maniatados.

Dos recuerdos míos de estudiante de Medicina en Buenos Aires en los años sesenta:
Mis profesores al cursar Pediatría, una asignatura de la carrera, por cierto tenían ciertas preocupaciones que hoy llamaríamos ecologistas y no eran muy intervencionistas para su época y teniendo en cuenta sus tratamientos de entonces. Reconocían que era normal que un niño antes de cumplir 6 años de edad recibiera no menos de 50 tratamientos con antibióticos. Esto no les parecía bien precisamente pero admitían que era inevitable ante las infecciones más frecuentemente respiratorias y ORL, diarreas con la peligrosa complicación de la deshidratación, infecciones urinarias y piodermitis. Esta profusión de antibioterapia se producía en el medio hospitalario y en la consulta

privada. En el Hospital de Niños de Buenos Aires se temía la infección hospitalaria tanto que se intentaban fórmulas heterodoxas. En la Sala dirigida por el doctor Florencio Escardó se había observado que si durante la estancia de un niño en el hospital se permitía a su madre dormir a su lado, cosa que no se había admitido hasta entonces, el niño se infectaba menos. «Amor y proteínas» era la fórmula que Escardó había impreso en su sala. Escardó no era homeópata pero era un gran comunicador y había llevado su visión de avanzada Psicosomática a la Pediatría.
En Farmacología, otra asignatura de la carrera nos advertían acerca del peligro de disbiosis intestinal por el empleo de antibióticos por vía oral. Esto estaba en los mejores tratados de la especialidad. Sin embargo nunca se decía que una consecuencia indeseable del uso de antibióticos fuera la depresión inmunitaria. Muchos lo observábamos en la práctica, casi todos coincidíamos en que cuanto más abundábamos en su empleo peor estado general tenían los niños, perdían peso, tenían mal color, tardaban mucho en recuperarse y lo que es peor rápidamente tenían recaídas de la infección aguda que había sido el origen de toda esta secuencia. A la disbiosis se la temía por la diarrea y la deshidratación consecuente pero no por la baja inmunitaria.

Desde luego no es la situación actual. Ahora se reconoce el papel importantísimo del microbioma intestinal y no sólo intestinal sino de la boca, vagina, piel, en el mantenimiento de un estado inmunitario saludable.
Pero cabe preguntarse ¿nadie formulaba las observaciones clínicas, nadie advertía sobre hechos tan simples, tan fáciles de visualizar?
Claro que sí. Por ejemplo los médicos homeópatas y los naturistas desde hacía mucho tiempo, desde la introducción de las sulfamidas a comienzos de los años 30. Sin embargo sus opiniones fueron tildadas de dogmáticas, producto de la obcecación y opuestas al desarrollo de la Ciencia. Y puede que fuera cierta su obstinación en expresarlas pero aún así eran ciertas. Tan ciertas que ahora nadie las rebate. En algunos casos era un conocimiento intuitivo y en otros simples observaciones empíricas de médicos que no podían callar algo tan evidente.
Y entonces ¿por qué se trataba de acallarlos? Simplemente por un autoritarismo sarcástico y un poco petulante.
Cuando empecé mi práctica en la consulta homeopática aun no siendo pediatra acudían a mí a menudo madres cuyos niños recibían antibióticos cada tres semanas. Terminaban un tratamiento y una semana más tarde comenzaba otra vez el cuadro «agudo». Al cabo de pocos años me dí cuenta de que si conseguía que el niño evitara el contacto con el fármaco se cortaba esa secuencia deletérea para su salud. Y esto era así incluso en aquellos niños a los que no les había dado ningún tratamiento de fondo que es como se llama en Homeopatía a lo que podríamos traducir como tratamiento inmuno estimulante.
Solamente si se lograba que el niño pasara el curso entero del cuadro agudo con la ayuda de remedios del agudo y se conseguía que se librara de los antibióticos y esto se producía dos o tres veces entonces su estado inmunitario mejoraba y se cortaba la secuencia nefasta.

Hoy se sabe con cierta certeza el papel de las bacterias intestinales en la inmunidad aportando moléculas imprescindibles al organismo humano huésped, combatiendo la inflamación intestinal, modulando la permeabilidad de la pared intestinal, comunicando información a los linfocitos, las células de mayor protagonismo en la inmunidad. Sabemos que las bacterias forman parte funcional de nuestro organismo y comprobamos que tanto los animales como el hombre en condición de esterilidad biológica es lisa y llanamente un inmunodeprimido.

En 1973 el Dr Tomás Pablo Paschero publicó su libro «Homeopatía», que resultó ser su único libro hoy disponible. Gran obra que reúne una gran cantidad de trabajos independientes  cada uno de los cuales aporta una enseñanza apreciable. Más allá de la coincidencia o del disentimiento con su ideario general. 

Pues bien, su «Introducción» la escribió el Dr Escardó a modo de presentación del Dr Paschero como médico y como intelectual. La medicina humanista reconocía en sus palabras los méritos innegables de un homeópata. Dice Escardó: «En 1954 llamé a Paschero arquetipo de médico, no fue profecía sino diagnóstico”.

Escardó había comprobado muchas veces el éxito de los tratamientos de Paschero con sus tratamientos de remedio único, el similimum y no le costaba nada reconocer lo que había visto.

 

PARA UNA MEJOR COMPRENSIÓN DE LOS POLICRESTOS HOMEOPÁTICOS

Para entender los «remedios persona»

Muchos de los síntomas, sobre todo los psíquicos y los generales provienen del tipo sensible y de las observaciones terapéuticas y no de las patogenesias. Dicho de otro modo se encuentran en la materia médica clínica y no en la materia médica pura.

En la materia médica clínica la descripción de cada remedio es producto entonces de la labor médica con muchos enfermos a lo largo de mucho tiempo y con numerosos observadores fiables que son generalmente los médicos homeópatas.

Así es como cada remedio tiene gran cantidad de síntomas y características individuales que surgen de una deliberada fusión; por eso es virtualmente imposible observar en la práctica semejante variedad en el paciente que tenemos delante de nosotros.

Debemos considerar la descripción del remedio como una idealización, a menudo contradictoria. Así por ejemplo, en tanto hay un medicamento sulphur, hay por otra parte muchos enfermos diferentes que pueden tratarse con sulphur.

El simple enunciado de un síntoma no es suficientemente aclaratorio del significado de ese síntoma en un enfermo concreto. Pueden darse muchos ejemplos de diferentes formas de: actitud seductora, celos, irritabilidad, autoritarismo, aislamiento, timidez, etcétera, que representan cada uno de ellos una realidad completamente distinta  según de qué persona se trate. De allí surge la necesidad de la modalización.

También hay que tener en cuenta que los celos o la falta de confianza en sí mismo no son iguales en cada remedio, enpulsatilla, en silicea o en lycopodium, en cada uno de ellos el síntoma es una parte de un todo diferente y se expresa de una forma distinta que es necesario detectar.

Teniendo en cuenta que la descripción de un medicamento es una fusión y además una generalización, se impone establecer aquellos elementos mínimos e indispensables que definen el núcleo esencial de estos remedios policrestos con relieves tan peculiares y característicos.

En este artículo me propongo discurrir acerca de ese propósito con algunos de estos remedios.

Por otra parte está la realidad del enfermo que se encuentra frente a nosotros. Esto requiere otro enfoque porque este ser humano es único, no es resultado de fusiones o de idealizaciones, tiene sus propias características como persona, como enfermo, como individualidad.

Si nosotros partimos de la base doctrinaria (digo doctrinaria porque así fue expresada por los clásicos que hicieron doctrina) de que la Naturaleza genera sustancias en esencia semejantes  a individuos sanos y enfermos y esas sustancias curan al individuo correspondiente, entonces la tarea del médico homeópata sería más o menos difícil pero relativamente simple: se trataría de dar con el remedio adecuado y la labor estaría cumplida.

Pero la realidad de la práctica diaria y la necesidad de justificar debidamente todo lo que se afirma nos obligan a discutir esto un poco más.

Aceptar lo anterior supone que habría una esencia en el remedio por un lado y una esencia en el individuo que queremos tratar y curar, por otro; una correspondencia entre ambas esencias aseguraría supuestamente el éxito terapéutico. Esta correspondencia de las esencias es defendida por autores tan diversos como los seguidores del Kent más radical y también por complejistas  que siguen a Paracelso.

En varias publicaciones he expresado mi negativa a aceptar el supuesto de las esencias en una disciplina científica; pienso que los esencialismos son invenciones creadas para demostrar lo que más conviene al que argumenta. Demás está decir que ello está en oposición al pensamiento científico más riguroso y ningún experimentador neutral aceptaría tomar la esencia como premisa válida.

Las esencias son premisas de los campos de la religión y la filosofía pero no de la medicina moderna, aunque sabemos que lo fueron en el pasado.

Sin embargo sí hay que aceptar que en el perfil del remedio (pero no en el del individuo) hay rasgos esenciales ya que el remedio proviene como decía antes de una fusión-generalización, una idealización de las observaciones hechas en muchos individuos.

Pero la presencia de esencias en las personas  es un supuesto no aceptable para una medicina con propósito científico.

En la Antigüedad  los presocráticos se separaron en esencialistas o idealistas como Parménides y Pitágoras y por otro lado los no- esencialistas que como Heráclito pensaron que «lo único permanente es el cambio», negando así la sustancia esencial. La tendencia a pensar que hay una esencia en el hombre proviene seguramente de la afirmación de la individualidad yoica, como incambiable y en última instancia no mortal. Pero aceptar el esencialismo le quita la posibilidad de cambio a un ego que visto así es siempre idéntico a sí mismo.

En general las filosofías idealistas, que se expresan en la biología como vitalistas defienden una concepción que da por supuestas  las esencias; la homeopatía clásica se enmarca entre ellas. Pero esto proviene no sólo de los orígenes de la homeopatía, sus precedentes en la alquimia y el pensamiento iniciático sino del hecho de que esta forma de pensar fue muy extendida y hasta mayoritaria hasta el siglo XIX en toda la humanidad.

Desde entonces las ciencias en general no toman partido en esta discusión pero operan como si no hubiera esencia alguna.

Aun así lo que nos interesa no es tanto si la esencia tiene entidad o no sino qué es lo que determina una concepción u otra. Es decir si existen o no las determinaciones, las fuerzas que llevan a cada individuo a seguir un recorrido más allá de sus decisiones.

En el siglo XX se ha avanzado en este asunto. El pensamiento fue derivando hacia la aceptación de que la libertad del hombre se encuentra restringida, él no hace exactamente lo que quiere aunque su percepción lo lleve a creer en esa dirección. Esos condicionantes son verdaderas determinaciones que pueden tomar la forma de inconscientes, en la lectura psicoanalítica; estructuras supraindividuales en la visión estructuralista. Coincide con la posición de la biología que valora con fuerza creciente al factor genético.  Curiosamente las antiguas cosmovisiones orientales habían hablado del karma, señalando así a la carga que cada individuo portaba desde sus antepasados, llevándolo al plano moral; se trataba de otro condicionante, quizá el verdaderamente insuperable.

NUCLEO PSICODINAMICO DE LOS POLICRESTOS

Si los policrestos tratan de aprenderse como imágenes estáticas, como contemplando una fotografía tendremos en nuestra memoria un concepto más o menos claro o difuso de un personaje lleno de contradicciones que nos obliga a un trabajo de memorización arduo que no siempre se acompaña del éxito final con el paciente.

Algunos autores han planteado las cosas de modo que tengamos en cuenta que la forma de ser de los policrestos constituye a la vez una individualidad y una enfermedad. Así, habría la enfermedad sulphur, la enfermedad lycopodium, pulsatilla, etc.Pero esto no es así, no hay una entidad nosológica sulphur, lycopodium, pulsatilla.

Si consideramos la estructura de carácter de los individuos como formas de resolver el reto vital entonces las cosas quedan más claras.

Pero a qué reto nos estamos refiriendo? El hecho de vivir genera en sí mismo un conflicto derivado de la relación con el mundo exterior, los demás individuos, las cosas, la naturaleza; el proceso de individuación  mismo (hacerse individuo, diferenciarse) enfrenta al humano con el problema de la separación del resto.

Este conflicto se aborda de muchas maneras pero cada individuo irá haciendo suya una manera, la propia. De lo cual se deriva la caracterología de cada quién. Esto queda reflejado en los policrestos que son, más que los otros remedios, verdaderas formas reaccionales en lo psíquico y en lo físico.

Entonces podemos decir que sentirse abandonado y ser demandante de amor es el modo pulsatilla de encarar el problema vital. Ese modo no es perfecto, nunca lo es y por eso no evita el sufrimiento, la tristeza, la pena. Este conjunto de sentimientos, deseos, conductas, es la adaptación que cada uno hace ante el hecho mismo de vivir, ser individuo, tener autonomía vital.

Como acabamos de ver, esta forma de cada uno nunca es perfecta, tiene como consecuencia el padecimiento del sujeto y también de los que lo rodean. Pero aún así se llega a un cierto equilibrio y se consigue una cierta eficacia. Cuando no es así es el cuerpo el que, como segundo paso se expresa con síntomas, al principio funcionales y posteriormente lesionales, lo que muestra que se comprometen los mecanismos más íntimos de regulación: homeostasis, inmunidad, metabolismo, equilibrio hormonal, alteraciones celulares y más adelante se rompen los mecanismos más sofisticados: autoagresión, cambios en la coagulabilidad de la sangre, activación de oncogenes, alteración de la  expresión y la actividad de los neurotransmisores, desequilibrio multifuncional, la locura, y muchos otros procesos.

Entonces podemos comprobar que al cabo de este trayecto nuestro remedio-persona presenta los síntomas más alarmantes y catastróficos, desintegradores de la personalidad y del soma. Esta es en síntesis la evolución simulada de la aventura vital de un policresto-persona.

Cuando leemos en la materia médica clínica y en el repertorio el conjunto de síntomas en cada remedio, la cantidad y variedad es apabullante y puede despistarnos y hasta confundirnos; esto es muy evidente en el área de los síntomas psíquicos.

Por eso se impone distinguir lo más claramente que podamos en ese conjunto:

a) los elementos del núcleo dinámico que forman la verdadera identidad del remedio.

b) los  síntomas acompañantes pero de gran valor identificativo. No son el núcleo pero provienen de él y se expresan en tanto el individuo se relaciona con la realidad, con los otros, con la aceptación o el rechazo,  con la frustración, etc.

c) los síntomas evolutivos del deterioro vital, de menos valor individualizador ya que casi todos los remedios conducen a unos síntomas que pueden ser comunes.

 

¿QUÉ SE PUEDE CURAR CON HOMEOPATÍA?

Antes de acudir a un médico homeópata por lo general el usuario sabe intuitivamente o se ha informado acerca de qué afecciones, trastornos o enfermedades son las que pueden abordarse ventajosamente con Homeopatía. Aun así es interesante preguntarnos qué podemos esperar de un tratamiento homeopático y hacer, si fuera posible una estimación que nos conduzca a priori a pronosticar un resultado exitoso y con ciertas garantías. Pero no se trata aquí de enumerar un listado de enfermedades lo cual sería contrario al enfoque homeopático que siempre acude a lo singular del paciente.
Ello conduce necesariamente a valorar el pronóstico de un tratamiento homeopático bien ejecutado más allá del nombre del padecimiento.
Sigue leyendo ¿QUÉ SE PUEDE CURAR CON HOMEOPATÍA?

SÍNTOMAS: FRUSTRACIÓN Y CONTRADICCIÓN  

Veamos el interés que tiene durante la consulta homeopática determinar con claridad el síntoma frustración y su derivada contradicción. En esta dirección tratemos de aclarar qué sentido tiene este síntoma. Además veremos que este síntoma no es exactamente igual en cada tipo humano representado en los remedios policrestos. Sigue leyendo SÍNTOMAS: FRUSTRACIÓN Y CONTRADICCIÓN  

ENTRÓ LA EVIDENCIA Y SALIÓ LA ÉTICA – LA HOMEOPATÍA PERJUDICADA

EVIDENCIA CIENTÍFICA Y ÉTICA

  • La evidencia científica se esgrime como condición principal para aprobar a los fármacos.Y digo yo ¿dónde estaba la evidencia? Cuando:

Los antihipertensivos de los años 60 actualmente se acepta que no reducían la tensión arterial más que los ansiolíticos o los placebos.

Los betabloqueantes estaban contraindicados en la insuficiencia cardíaca y hoy son su indicación ineludible.
En los años 70 calcitonina curaba la osteoporosis y se la proponía como tratamiento de las mujeres en menopausia, con un coste altísimo que solventaba la SS española y hoy se la

ha abandonado por inútil.

Citicolina, fármaco de alto coste, se indicaba en los 70 como supuesto oxigenador cerebral a los ancianos con memoria débil. Y resulta que el concepto de oxigenador no ha sido validado por ninguna categoría farmacológica. Lo que es lo mismo, no existen. Y todo ello sin mencionar la tragedia de la iatrogenia reconocida: en los países occidentales los medicamentos llegan a producir la tercera causa de ingreso hospitalario en urgencias en pacientes de la tercera edad. Los damnificados de talidomida todavía reclaman sus reparaciones. Y mucho más.

Muerte por iatrogenia – Video

Ahora veamos qué ocurre con la homeopatía

  • La discusión sobre la evidencia en medicina enfrenta a los defensores y detractores de la homeopatía. Ciertamente unos determinan que la evidencia (en sentido estricto deberíamos decir «pruebas») tiene que ser una exigencia para que el conocimiento médico sea válido y tenga aplicación universal (con las limitaciones que este término tiene en la ciencia experimental, ya que lo universal en rigor es a priori y en estas ciencias no son posibles los apriorismos), o sea generalizable.   Para entendernos, se trata de las generalizaciones de la inducción científica. Es decir reproducir el experimento, predictibilidad y falsabilidad. Y ya sabemos que las inducciones sólo pueden hacerse sobre casos homogéneos y con muestras lo más extensas que sea posible. Estamos hablando de los argumentos de los detractores que de esta manera están seguros de invalidar la homeopatía como quehacer médico.
  • Por su parte los defensores de la homeopatía esgrimimos que la base de la homeopatía es la individualización del caso de donde surgen las dificultades para aplicarle la inducción. Y la homeopatía se sostiene por la acumulación de casos particulares con resultados positivos. No es posible reproducir una experiencia que es única, individual. Este conflicto también se produce con el psicoanálisis de manera muy parecida. Los científicistas lo acusan de pseudo ciencia como a la homeopatía pero no dejan de reconocer la influencia que ha tenido durante el siglo XX en la forma de pensar de la humanidad, de pensar lo exterior y lo interior. Parece que esta confrontación tiene pocos visos de resolverse por lo tanto.
  • Ahora bien, quiero plantear otro problema. Qué ocurre con el conocimiento médico cuando por la ventana del laboratorio de investigación se filtra la ética y esto sucede en un sistema en el que sólo parece posible desarrollar un proyecto cuando éste es viable económicamente. Así se explica el conflicto que provocan los temas que describo en el comienzo de este artículo. Muchos de esos fármacos fueron puestos en el mercado sin que se hubiesen cumplido los requisitos mínimos de seguridad y eficacia.
  • En un sistema tal el problema no solamente se plantea en el campo científico sino también en el mundo del arte, considerado en sentido amplio, la música, el cine, la plástica; también en el del deporte y en casi todos los campos de la cultura. Todo aquello que no se auto financia es inviable.
  • Cuando la investigación está financiada por el estado son todos sus integrantes los que intervienen y se responsabilizan indirectamente de la ejecución del proyecto.
  • Cuando en cambio se hace con medios privados son unos pocos los que solventan las pérdidas y recogen las ganancias del proyecto. Y por supuesto se desechan aquellos proyectos que en principio no prometen ser exitosos entendiendo por tal el lucro. Véase los casos de enfermedades raras, infecciones que sólo aparecen en países pobres, etc.
  • Conclusión: amarga conclusión. Todos los requisitos que la ciencia exige para la validez del conocimiento se diluyen en la práctica entendiendo por práctica a su significado filosófico es decir la moral.
  • Y entonces qué pasa con la homeopatía. La homeopatía es un incordio para el pensamiento oficial. Existe desde hace 200 años, tiene miles y miles de usuarios en Occidente. Esos usuarios ya no son los fanáticos adeptos de otrora, mucha gente tiene un homeópata como tiene ginecólogo o pediatra y no piensan que adherir a la homeopatía los pudiese dejar fuera del sistema. Simplemente buscan soluciones a sus problemas de salud.
  • Esto es insoportable para el sistema que echa en falta que la homeopatía vuelva urgentemente a la marginalidad.

Universo ansiedad

Nos atañe a todos. Para comenzar hay que trazar los límites de este tema. Todos sabemos qué es ansiedad. La ansiedad es consustancial al ser humano más concretamente a su modo de existir. Aun así no siempre queremos significar lo mismo con esa palabra. Y lo mejor es empezar por las palabras ya que esto parece ser un principio. ¿Se trata de una situación incómoda o un sufrimiento? ¿Es una reacción ante las amenazas? ¿Acompaña al miedo y por extensión a las fobias? ¿Es una forma de anticipar hechos futuros a los que tememos de una o de muchas maneras? ¿Indica falta de autoconfianza? ¿Es una amenaza en sí misma? Todo. Todo eso y más.

En el lenguaje profano a menudo se confunden ansiedad con nerviosismo o inquietud, agobio, apremio. En el discurso psiquiátrico ansiedad se presenta en solitario o acompaña a otros síntomas: fobia, angustia, obsesión.

Busquemos en los «hechos» que eso es lo que la Medicina de hoy tanto valora: En la guía para el diagnóstico clínico de DSM-5 de James Morrison se enumeran los supuestos clínicos de la ansiedad. «Guía rápida para los trastornos de ansiedad”. Es posible diagnosticar uno o más de los siguientes trastornos en personas que presentan síntomas notables de ansiedad; un solo individuo puede padecer más de un trastorno de ansiedad.

Trastornos de ansiedad primarios

0 Trastorno de pánico. Estos pacientes experimentan repetidos ataques de pánico, episodios breves de temor intenso acompañados por distintos síntomas físicos y de otros tipos, aunado a la inquietud de desarrollar otras crisis y otros cambios conductuales relacionados.

1 Agorafobia. Los pacientes con esta afección temen a situaciones o lugares como ingresar a una tienda, donde pudieran tener dificultad para conseguir ayuda si desarrollaran ansiedad.

2 Fobia específica. En esta condición, los pacientes temen a objetos o situaciones específicos. Algunos ejemplos son animales, tormentas, alturas, sangre, aviones, sitios cerrados o cualquier situación que pudiera causar vómito, asfixia o desarrollo de alguna enfermedad.

3 Trastorno de ansiedad social. Estos individuos se imaginan avergonzados cuando hablan, escriben o comen en público, o usan un baño público.

4 Mutismo selectivo. Un niño decide no hablar, excepto cuando está solo o con ciertas personas cercanas.

5 Trastorno de ansiedad generalizada. Si bien estas personas no experimentan episodios de pánico agudo, se sienten tensas o ansiosas gran parte del tiempo y se preocupan por muchas cuestiones distintas. Trastornos de ansiedad secundarios

6 Trastorno de ansiedad por separación. El paciente desarrolla ansiedad cuando se separa de un progenitor o de alguna otra figura a la que se siente apegado.

7 Trastorno de ansiedad debido a otra afección médica. Los ataques de pánico y los síntomas de ansiedad generalizada pueden ser causados por numerosas afecciones médicas.

8 Trastorno de ansiedad inducido por sustancia/medicamento. El consumo de una sustancia o medicamento ha desencadenado ataques de pánico u otros síntomas de ansiedad.

9 Otro trastorno de ansiedad especificado o no especificado. Utilízanse estas categorías para los trastornos con síntomas de ansiedad notables que no corresponden claramente a ninguno de los grupos previos. Otras causas de ansiedad y síntomas relacionados

10 Trastorno obsesivo-compulsivo. Estos enfermos se inquietan por pensamientos o conductas repetidos que pueden parecer sin sentido, incluso para ellos.

11 Trastorno de estrés postraumático. Un evento traumático intenso, como un combate o un desastre natural, se experimenta de nuevo una y otra vez.

12 Trastorno de estrés agudo. Esta afección es muy parecida al trastorno de estrés postraumático, excepto porque se inicia durante o inmediatamente después de un evento estresante y dura un mes o menos.

13 Trastorno de la personalidad por evitación. Estas personas tímidas se sienten heridas muy fácilmente por la crítica y dudan en involucrarse con otras.

14 Especificador con tensión ansiosa para el trastorno depresivo mayor. Algunos individuos con trastorno depresivo mayor tienen gran tensión y ansiedad.

15 Trastorno de síntomas somáticos y trastorno de ansiedad por enfermedad. Con frecuencia, el pánico y otros síntomas de ansiedad forman parte de algún trastorno de síntomas somáticos y del trastorno de ansiedad por enfermedad.»

16 La ansiedad puede en situaciones considerarse causa de otros síntomas como el caso de terror (ansiedad que deriva en crisis de pánico).

17 Pero también valoramos las causas de la ansiedad: «ansiedad por» como ansiedad por bagatelas, ansiedad por su salvación, ansiedad por el futuro, ansiedad hipocondríaca, ansiedad por culpabilización (expresada como «ansiedad como si fuera culpable de un crimen»), ansiedad a causa de negocios, etc.

18 los casos de ansiedad coincidiendo con otros síntomas: con cansancio de la vida, ansiedad con temor.

19  con estados más o menos permanentes: ansiedad con disposición suicida.

Estos pocos ejemplos nos permiten asomarnos a un vasto universo de cualidades que nos transporta a una verdadera clasificación clínica con una riqueza de detalles que fue anterior a la Psiquiatría actual. Y ello sin entrar en el territorio de las modalizaciones que es sin duda la base de la individualización en Homeopatía.

INTERVENCIÓN DE LA HOMEOPATÍA

Cuando una palabra se usa para tantas cosas termina perdiendo su significado y cae en desuso. En Medicina y en Psicología aún más esa palabra va reduciendo su sentido. En la clínica homeopática la observación minuciosa de sus grandes clínicos ha descrito todas estas situaciones con gran precisión como puede apreciarse en la Materia Médica y en el Repertorio. Ahora bien, si leemos la descripción de los policrestos o sea los grandes remedios de fondo, y podemos considerar así entre 30 y 50 medicamentos según sea nuestro criterio de selección, lo primero que vemos es que prácticamente todos tienen «ansiedad».

Y aun los remedios de segunda fila, aquellos que cuentan una cantidad respetable de síntomas sin ser policrestos y que podemos considerarlos entre 50 y 200, también en ellos aparece la ansiedad aunque no se mencione taxativamente.

Porque estamos hablando de ansiedad no solamente cuando aparece esta palabra sino también cuando se alude a ella con otros términos: anticipación, inquietud, hipersensibilidad, excitabilidad, aprensión, ansia y otros.

VALOR HOMEOPÁTICO DE LA ANSIEDAD

Qué hacer entonces ante un paciente con ansiedad? En primer lugar poner en duda la palabra. Ante un síntoma casi universal como es el caso es mejor no tomar en cuenta el síntoma ansiedad como tal a la hora de prescribir ya que se trata de un síntoma genérico que no individualiza. Ya había advertido Hahnemann acerca de esos síntomas comunes de escaso valor homeopático como nerviosismo, cansancio, mareo que es mejor pasar por alto si no son intensos, claros, precisos, nítidos y mejor aún modalizados. Modalizar significa exponer el modo en que se produce el síntoma: al despertar, después de las comidas, durante un viaje, pensando en sus síntomas, mientras siente frío y muchísimos más. Es mejor pues abocarse a sus modalizaciones o simplemente a otros síntomas. Y no nos olvidemos de que si prescribimos el remedio adecuado a nuestro paciente éste aliviará también la ansiedad aunque no haya sido la ansiedad el síntoma que nos condujo al remedio.

LA INTENSIDAD DEL SÍNTOMA

El episodio más o menos breve de ansiedad muy intensa, insoportable por lo amenazante, por el terror que conlleva y acompañado de un cortejo de síntomas físicos como sudoración, palpitaciones, náuseas, cefalea, defecación inminente suele denominarse crisis de pánico. Este síntoma suele ir desapareciendo al cabo de un tratamiento de fondo más o menos largo. A pesar de ello el médico suele ser requerido por el enfermo para que le proporcione un remedio de rescate. En efecto en la Materia Médica encontramos varios remedios adecuados para estos síntomas: aconitum, moschus, ignatia, arsenicum album y otros. Sin embargo nos encontramos a menudo con que la respuesta inmediata a estos remedios es limitada. Ante esto es preferible que el paciente acepte que el problema se irá resolviendo paulatinamente con la terapéutica de fondo. Y para yugular estas situaciones agudas se puede acudir a otros procedimientos: relajación, ejercicio, hipnosis, acupuntura y también ¿por qué no? el recurso a un fármaco de rescate para supuestos máximos.

¿QUIÉN ES HOMEÓPATA?

Los que lo somos con humildad y esfuerzo, lo sabemos. Pero estas reflexiones se dirigen  a quienes no lo son y desean sinceramente saberlo.
Puedo comenzar recordando a los maestros de mi juventud. A quienes enseñaban con autoridad y dedicación en los años 60 y 70. ¿Cuál era el perfil de aquellos hombres si es que había unos trazos que los definieran?

 

Eran médicos, eran especialistas de la medicina que llamamos alopática, que a menudo cerca de la edad media de la vida se habían sentido abocados a una búsqueda. La insatisfacción del ejercicio de su profesión, la falta de respuestas válidas a los grandes interrogantes, las innumerables enfermedades incurables, los enfermos tildados de psicosomáticos que abundaban en los consultorios, la iatrogenia inevitable de una farmacología que comenzaba su explosión colosal, en fin habían constatado que el ejercicio de la medicina no consistía en aquello que habían soñado o cuando menos proyectado. Y echaban en falta el enfoque psicosomático desde la medicina, no ya desde lo psicológico.

Además me atrevo a asegurar que tenían algunos rasgos en común más allá de su condición de médicos. Se trataba de personas con posiciones filosóficas definidas aunque desde luego no siempre ellas fueran ni siquiera parecidas. Todos compartían sin embargo su adherencia al vitalismo. Pero además algunos eran partidarios del realismo crítico, otros neoplatónicos y muchos no se planteaban la filosofía aunque participaran de ella sin saberlo. En todo caso concebían la medicina desde el humanismo.

LA HOMEOPATÍA ES COSA DE MÉDICOS

Lo que siempre había sido indiscutible es que la homeopatía se trataba de una actividad de médicos ya que la homeopatía era y es medicina. De médicos heterodoxos si se quiere o de «la otra escuela» pero cosa de médicos. También los detractores lo consideraban así sin dudarlo. La homeopatía era así un regreso, una actividad que los médicos emprendían «de vuelta» de un camino por la medicina hospitalaria. Y a nadie se le ocurría que pudiera ser de otra manera.
Me dirán que esto se puso en duda desde los albores de la homeopatía y que la mujer de Hahnemann, su discípula, no era médica y que Hering era abogado y muchos otros ejemplos. Pero lo que sostengo es que el homeópata es fundamentalmente un clínico.

Porque es clínica la minucia del detalle, del síntoma, seguir al enfermo junto a su cama, tocar al paciente con afán de pesquisa y de comunicación, vincular los signos hallados, encontrar aquello que realmente debemos curar.

Y porque nadie es más médico que el homeópata, el homeópata debe ser médico

En los últimos años en el imaginario de la gente la homeopatía se suele confundir diluida entre las llamadas medicinas alternativas. Y entonces aparece adherida a un conjunto de prácticas pretendidamente o ciertamente holísticas que son emprendidas con entusiasmo por muchos pero que han perdido la conexión con la medicina y frecuentemente ostentan una posición anti medicina.
Muchos médicos jóvenes la estudian en algunos casos porque no ven otra salida airosa a su vida profesional y la desorientación los lleva a confundir homeopatía con una mera técnica. Y allí se pierde aquello de la medicina humanista.

Pero la homeopatía es un bien a proteger.
 Comenzando por rescatarla. Rescatarla del descrédito perpetrado por sus enemigos que generalmente hablan desde la ignorancia del método y de su praxis. Y rescatarla del daño que le provocan quienes desde dentro se empeñan en declarar la preeminencia de una forma única de su ejercicio, una supuesta verdadera homeopatía. Este tema lo veremos en otra entrada del blog.

 

 

IGNORANCIA Y CHARLATANISMO  DENTRO DE LA HOMEOPATÍA

 

A QUIÉN CREER? ALGUNOS LEGOS HABLAN EN NOMBRE DE LA HOMEOPATÍA

Los científicos, la medicina vigente nos dicen que no hay que creer. En todo caso atenerse a los hechos. Claro que los hechos se contradicen a lo largo del tiempo y lo que ayer curaba hoy se revela como dañino. Y viceversa. No hay afirmaciones absolutas con evidencia. Y cuando la ciencia rectifica esto forma parte de sus bondades y ventajas. Eso dicen.

En la homeopatía también se produce un cruce controvertido. Por un lado está el problema epistemológico que plantea la homeopatía y la azarosa situación que implica demostrar la fuerza de verdad de su evidencia clínica. La desventaja con respecto a la ciencia oficial es patente. Quien detenta el poder se beneficia de esto.
Por otra parte el problema ético: el homeópata es sospechoso de mentir en tanto y en cuanto su método no tiene aceptación académica suficiente.

Pero además existe el reclamo de algunos homeópatas que para reclutar pacientes recurren al charlatanismo. El charlatán sólo tiene éxito si su mensaje es optimista, es decir si promete conseguir lo que otros no consiguen.
Leí hace tiempo una anécdota que refería el gran sabio español Pedro Laín Entralgo quien citaba a un autor eminente al que se le había preguntado qué tipo de médico él preferiría que lo tratase ante una hipotética enfermedad incurable. La respuesta no fue un médico erudito ni siquiera un médico compasivo, fue: un médico optimista. Efectivamente, el optimismo del médico llena su consulta. El optimismo mejora al enfermo, lo cura en cierto modo.

El médico optimista hace una gran labor contagiando al enfermo una actitud que lo beneficia, no cabe duda. Aunque el optimismo desmedido o fingido tocan con la charlatanería. Pero no siempre el optimismo acompaña a una actitud éticamente reprochable, a veces es consecuencia de la ignorancia.
Y tan grave es la transgresión ética como la falta de espíritu crítico, la ingenuidad. En un médico, la primera es malicia, la segunda, la ingenuidad es una peligrosa permeabilidad a cualquier propuesta, asumiendo las promesas de técnicas heterodoxas por estrambóticas que estas sean.

En el ejercicio de la homeopatía, la formación que emprende un joven médico homeópata, supone la constante auto vigilancia de su praxis. El entusiasmo excesivo, la sobrevaloración de los éxitos iniciales y la defensa ante los ataques de los enemigos a ultranza de la homeopatía muchas veces provocan que se olvide que la autocrítica es ineludible.

¿En qué consiste esta auto vigilancia?

Lo primero es atender al posible efecto placebo durante un tratamiento. Quede claro que esta posibilidad debe ser observada también en los tratamientos farmacológicos. Y no suele producirse esta observancia en ninguno de los dos grupos antagónicos, hay que reconocerlo. Ni en la homeopatía ni en la alopatía.
En segundo lugar tener en cuenta que la misma metodología homeopática por su interrogatorio exhaustivo, por su seguimiento minucioso, por el interés del médico ante el menor detalle, todo ello puede ser, es de hecho, psicoterapéutico.
Si a esto se agrega en tercer lugar que las diferencias que el paciente constata entre su médico habitual, que no lo toca, lo atiende en cinco minutos y no lo deja hablar y por otro lado el médico homeópata, hace que rápidamente tome partido por el segundo y ello se traduzca en una adherencia casi inmediata al tratamiento homeopático.
Y por qué menciono estos pilares de la auto vigilancia? Porque estos factores refuerzan la eficacia del tratamiento pero no deben confundirse con el tratamiento mismo.
El insuficiente sentido crítico es un error frecuente en el homeópata. También en el alópata. En última instancia es un problema a resolver por ambos. Y señalarlo por mi parte no debería ser tomado como falta de entusiasmo o de adhesión a la homeopatía. Es sentido común.

La Hipocondria

Lo más atinado parece  comenzar por una definición formal: “Estado caracterizado por la sobrevaloración angustiosa de los más mínimos síntomas con pánico a enfermar, a morir…” (Diccionario Enciclopédico Salvat) .

El enfermo imaginario de Moliere

 Y poco nos dice la etimología en una primera mirada, “debajo de los cartílagos” se refiere a la zona del abdomen  inmediatamente debajo del tórax; Sigue leyendo La Hipocondria